UN RELATO MUY INTERESANTE SOBRE EL 13-M, EN LA CALLE GÉNOVA

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UN RELATO MUY INTERESANTE SOBRE EL 13-M, EN LA CALLE GÉNOVA

Missatge por Portalcat el Ds Nov 07, 2009 2:00 pm

PÁSALO. Relato sobre la noche del 13 de marzo en MadridPÁSALO. Así terminaba el mensaje que recibí en torno a las tres de la tardeanunciando una concentración silenciosa por la verdad frente a la sede delPP en la calle Génova. Así comenzaba algo que con el paso de las horas ibadifundiendose minuto a minuto. Por cada mensaje que la gente recibía, seenviaban diez, quince, veinte mensajes más. Hubo gente que recibió hastadiez mensajes de grupos de gente diferente: familia, trabajo, lugar deestudios, gente del colegio, del barrio, y esos mensajes se multiplicaronhasta el infinito, propagandose como las llamas de un incendio por efectodel viento. A las seis de la tarde un despliegue policial protegía la sededel partido y sus efectivos pedían la documentación a todo manifestante quellegaba. Media hora después, sin embargo, la concurrencia de tantosmadrileños sobrepasó la capacidad policial y una hora más tarde la calleGénova era un hervidero de gente gritando de rabia y pidiendo explicacionesal gobierno de la nación. Había gente que lloraba, otros expresaban suindignación a gritos, mentirosos, asesinos, te dijimos no a la guerra;vuestra guerra, nuestros muertos; no estamos todos, faltan doscientos;mentirosos, vosotros teneis chófer, nosotros cercanías; lo sabe todo elmundo menos nosotros; los muertos no se utilizan, basta de manipulación, yqueremos salir en La Primera.La prensa que se encontraba tras el cordón policial era mayoritariamenteextranjera, y había un gran despliegue de antenas parabólicas de cadenastelevisivas europeas. De las calles adyacentes y bocas del metro salía cadavez más gente de todas las edades y razas que se unían a la concentración,que de silenciosa al final no tuvo casi nada porque se nos hacía difícilpermanecer callados cuando se pretendía celebrar un minuto de silencio.Siempre alguien lo rompía con algún grito: mentirosos, asesinos. Laslágrimas y la indignación se propagaban de igual modo que la información. Lagente estaba pegada a sus transistores y los móviles sonaban sin parar paratransmitir información a la gente, que a su vez propagaba las noticias, quecorrían de boca en boca.Cuando Rajoy declaró a los medios que la concentración era ilegal eilegítima, y acusó a sectores del PSOE de haberla organizado, la multitudrugió y contestó: "nos han convocado los asesinados", y "la voz del pueblono es ilegal". Cómo ibamos a ser ilegales, cuando el gobierno seguíamintiendo, ocultando información y violando los derechos más elementales delpueblo: el derecho a la libertad de expresión y al derecho a la información.En TVE 1, Cine de Barrio.En Génova pasaban las horas y los ánimos se iban encendiendo cada vez más.Seguía llegando gente, y no se veían banderas de partidos políticos nisindicatos. Sólo pancartas improvisadas con cartones y bolígrafos. Tampocola gente cantaba; todo eran gritos de dolor e indignación. El jefeantidisturbios confesaba a un reportero de la SER que no podían disolver laconcentración por la fuerza porque eramos ya más de 5 mil personas y no eracuestión de cargar contra la muchedumbre donde había ancianos y niños. Cadavez que algún miembro de la sede se asomaba a la ventana la gente rugía ypedía la verdad, y mientras, seguían llegando noticias de concentracionesespontáneas en todas las ciudades de España. Las nueve de la noche y nadiese movía de allí, pese al frío. Nos llegó una nota que circulaba en manos detodo el mundo: A las doce en Sol. Pasaló.De pronto otra noticia que se propaga entre la gente: dos hindúes y tresmarroquíes detenidos por su relación con los supuestos asesinos en Lavapiés.Los servicios de inteligencia por un lado y el gobierno por otro. Españolesen el extranjero, amigos de todos los puntos del planeta seguían mandandonoticias de las principales cadenas televisivas del mundo: Bush lamenta queel apoyo de España a su guerra contra Irak haya tenido estas consecuenciaspara Madrid. En cambio, el gobierno no lo lamenta, sino que oculta toda lainformación y llama a la calma, e insiste en que en la jornada de reflexiónel pueblo no puede salir a la calle para expresarse. Rugimos más aún: no nosvamos, sal al balcón, da la cara, PP responsable, PP culpable, vuestraguerra, nuestros muertos, vosotros teneis chófer, nosotros Cercanías,vosotros, fascistas, sois los terroristas. Diez de la noche y la gente salehacia Sol tomando las calles sin permiso.Yo me voy a Lavapiés para cenar un poco y ponerme algo de abrigo porque yano siento las manos del frío. La plaza está vacía, y al llegar a la calleCabeza nos encontramos con una chica joven que, en la puerta de su casa,aporrea una cacerola con la cabeza alta y el semblante grave. Tímidamentesalen a los balcones vecinos que salen a aporrear las cacerolas. Primero esun suave tintineo, después comienzan a abrirse los balcones de todas lascalles y comienza un zumbido ensordecedor que se expande por todo el barrio.Bajamos a la plaza, que comienza a llenarse de gente que aporrea suscacerolas, sartenes e instrumentos con fuerza. Aparece una cámara detelevisión alemana, mientras la plaza y las calles están llenas de genteprotestando sin palabras, y en un momento precioso hasta parece que seguimostodos el mismo ritmo. Un ritmo fúnebre y contundente, seco, duro, lleno derabia y solemnidad. Y marchamos todos hacia Sol, donde ni siquiera podemosentrar porque Madrid está en la calle. Siguen volando las noticias, siguen multiplicándose los mensajes de solidaridad con lasprotestas de otras ciudades, siguen propagándose las noticias. La policía hacargado contra la gente en Zaragoza y en Barcelona. Están estudiandosuspender las elecciones, ha aparecido en manos del PP, de repente, un vídeoen el que Al Quaeda reivindica el atentado, y la gente comenta asombrada eindignada que no salimos en los medios. En la SER comentan que pese a latoma de las calles por parte de la ciudadanía, no van a seguirretransmitiendo para mantener la calma y no calentar los ánimos. La censuradel siglo XXI. Las cámaras, los micrófonos, y las luces desaparecen; soloquedan los reporteros alemanes que trabajan a destajo, y nosotros gritando,y todas las calles que desembocan en Sol colapsadas. No hay banderas, no haypartidos, no hay magnetófonos, no hay organizadores, no hay órdenes. Lamultitud avanza espontáneamente hacia Atocha y la policía se retiradiscretamente. La calle es nuestra y caminamos por donde queremos, cortandoel tráfico. Nadie rompe cristales, nadie destroza el mobiliario urbano,Madrid avanza cívicamente y Ansuátegui ordena invisibilidad. La policíaapaga las sirenas, y las lecheras apenas son percibidas. "Veniros connosotros", grita alguno a los uniformados, que no se atreven ni a mirarnos alos ojos. La rabia está en el grito, en las palabras. La gente exige que elgobierno informe, que los medios informen, la gente exige que el gobiernoasuma su responsabilidad, y que deje de mentir a un país entero, que através de internet y los teléfonos móviles va conectandose con el mundoentero. Los medios nacionales ningunean la protesta y dejan claro de quélado están. La gente alza sus móviles para que los que escuchan al otro ladoperciban el ambiente que hay en Madrid. Más de un millón de personas bajanhacia Atocha por la calle del Prado y por la calle Atocha. Y circula otropapel: a las dos en punto cinco minutos de silencio. Pasaló.Todos al suelo. Silencio sepulcral. No hay cámaras. Miles de velasencendidas, y se rompe el silencio con el grito lleno de orgullo: vivaMadrid, y todos gritamos, viva, viva Madrid. Aznar escucha, el pueblo estáen lucha, y las riadas humanas avanzan hacia el Congreso. En la radio sólose oye música y resúmenes del partido del Real Madrid. Las voces ya cascadaspor el paso de las horas, los pies doloridos, y no hay miedo, no haypolicía, solo el helicoptero rugiendo encdima de nuestras cabezas, y unasensación de euforia al ver que somos tantos, que somos incontables."También estuvimos en la manifestación de ayer", decían algunos cartones amodo de pancarta. Frente al congreso, las lecheras protegiendo el recintosagrado donde unos cuantos toman las decisiones sin preguntar. La gentevuelve a gritar, dijimos no a la guerra, dijimos no a la guerra, vuestraguerra, nuestros muertos, un pozo de petróleo por un pozo de sangre,embusteros, tve=nodo, urdaci nazi, queremos la verdad.Pasamos el congreso, llegamos a la Gran Vía, seguimos por Hortaleza. Lagente sale de los bares, los pubs y las discotecas. Unos se unen, otrosprovocan preguntando qué pasa y por qué tomamos las calles, y Madrid avanzaimparable bajo la atenta mirada del helicçoptero. Los porteros de lasdiscotecas desde las que sale música evasiva y alegre nos miran alucinados,tratando de proteger los imperios del alcohol y la música entretenida.Llegamos a la sede del PP de nuevo, y la gente, pese al cansancio, sigueaullando. Cuatro, cinco de la mañana, y la gente grita hoy protestamos,mañana os cesamos, a la hora de votar se tiene que notar, asesinos,mentirosos.Agotada regreso a casa. En Sol hay cientos de velas encendidas, y decenas deramos de flores y carteles, cartas, gritos de papel donde la gente demuestrasu solidaridad y su cariño. La gente se arodilla, enciende más velas, y todoestá en silencio. Siguen las pancartas colgando de todos los rincones de laPuerta del Sol; los servicios de limpieza esta vez respetan el dolor de unaciudad entera que llora a sus muertos. Banderas de todas partes del mundo, yescritos en árabe, no al terrorismo, PP responde, mensajes de las familiasde los fallecidos, basta de horror, queremos la verdad, televisiónmanipulación, y cuatro mendigos apoyados contra la pared, rodeados de velas,en silencio. El pueblo llora, el gobierno miente. Lucía no te olvidaremosnunca. Papá te quiero. Esta no es nuestra guerra. Agotada, no puedo nimoverme de allí. Porque si la gente expresaba la rabia ante la mentira enla calle Génova, allí se concentra el dolor, el silencio, velas encendidas yflores congeladas del frío que hace.Esto es lo que sucedió en Madrid la víspera de las elecciones. Y si en losmedios no se quiso recoger esta toma de las calles por parte del pueblomadrileño, por lo menos que se difunda por la Red lo que pretende seracallado y ocultado. Porque algo ha cambiado desde anoche: ya no tenemosmiedo. Ni en Madrid, ni en el resto de las ciudades, ni los pueblos. Y nonecesitamos partidos políticos que organicen manifestaciones: ya sabemos queinternet y los móviles cuentan lo que no cuentan los medios oficiales, y yasabemos que tenemos una herramienta de comunicación, la del boca a boca,para expresarnos. Se nos han negado los derechos fundamentales que recdonocenuestra Constitución, y el pueblo ha pagado caro la incursión de su gobiernoen una guerra por petróleo. Un pueblo que nunca ha tenido problemas con elmundo árabe, un pueblo que se indigna ante la mentira y los insultos delcandidato a la presidencia de España. Madrid demostró que está llena degente de todas las nacionalidades, edades y condiciones sociales que sonsensibles, y fue anoche la verdadera democracia, la de la soberanía delpueblo, en la que la gente se expresaba libremente.Pásalo.

Koral Herrera

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